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En un contexto donde los aranceles impuestos por la administración Trump han generado un intenso debate a nivel mundial, surge una pregunta crucial: ¿se utilizó inteligencia artificial (IA) para calcular estos aranceles? La idea de que un algoritmo pudiera influir en decisiones económicas tan significativas es, sin duda, inquietante.
La tabla de aranceles recíprocos de Trump
La tabla de aranceles recíprocos presentada por la administración Trump ha sido objeto de críticas y análisis. Aunque no es un documento definitivo, muchos expertos consideran que podría ser uno de los más importantes de la década. Sin embargo, los números que presenta parecen carecer de lógica y metodología. A pesar de que Trump los ha denominado «aranceles recíprocos», la realidad es que no lo son. La fórmula utilizada parece ser bastante básica, dividiendo el déficit comercial de EE. UU. con un país por el total de importaciones de ese país, y luego dividiendo el resultado por dos.
La controversia sobre la metodología
Uno de los puntos más críticos es que esta fórmula no toma en cuenta los aranceles que otros países podrían estar aplicando a las importaciones estadounidenses. Esto ha llevado a muchos a cuestionar la validez de los números presentados. Además, la inclusión de territorios y dominios de internet en lugar de países reales ha suscitado dudas sobre la seriedad de la tabla. Gordon Chapman, un artista tecnológico, sugirió que la tabla de aranceles podría corresponder a dominios de nivel superior de internet, lo que podría indicar que fue generada por un sistema de IA.
Implicaciones de un cálculo automatizado
Si se confirma que la administración Trump utilizó una IA para calcular los aranceles, esto podría reflejar una falta de competencia en la toma de decisiones. La idea de que un algoritmo simplificado haya sido la base para establecer políticas comerciales tan complejas es alarmante. Algunos expertos han desestimado la tabla de aranceles como «números sin sentido», sugiriendo que no hay una metodología sólida detrás de ellos. Esto plantea la pregunta de cuánto pensamiento humano se dedicó realmente a estas decisiones y si se está dejando la política comercial en manos de máquinas.
En resumen, la posibilidad de que la administración Trump haya utilizado inteligencia artificial para calcular aranceles plantea serias dudas sobre la calidad y la lógica detrás de estas decisiones. A medida que el debate continúa, es fundamental que se realicen investigaciones más profundas para entender el impacto de estas políticas en el comercio global y en la economía estadounidense.